La central nuclear iraní de Bushehr fue blanco este viernes de un tercer ataque atribuido a Estados Unidos e Israel, pese a las condenas del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) y de Rusia.

Investigaciones preliminares indican que el proyectil no causó víctimas ni daños materiales o técnicos en las distintas áreas de la central, según informó la agencia oficial iraní Fars.

Las autoridades de Irán denunciaron que atacar instalaciones nucleares pacíficas constituye una clara violación de las normas internacionales y advirtieron que estos ataques podrían amenazar gravemente la seguridad regional.


Preocupación del OIEA y advertencias de seguridad

El OIEA comunicó en su cuenta de X que fue informado por Irán sobre un nuevo ataque en Bushehr, el tercer incidente en diez días. Según el organismo, no se han reportado daños en el reactor en funcionamiento ni fugas de radiación, y la central opera con normalidad.

El director general del OIEA, Rafael Grossi, expresó su profunda preocupación por la actividad militar cercana a la central y advirtió que un daño al reactor podría causar un grave incidente radiológico. Grossi reiteró el llamado a la máxima moderación militar para evitar un accidente nuclear.

La central de Bushehr, ubicada en el sur de Irán y construida por ingenieros rusos, ya había sido atacada la semana pasada y nuevamente el pasado martes. Tras el segundo ataque, Rusia expresó su «profunda indignación» y denunció que los agresores buscan provocar una gran catástrofe nuclear para justificar sus acciones.
La corporación atómica rusa Rosatom evacuó el miércoles pasado a 163 operarios de la central de Bushehr como medida preventiva.
Otros blancos nucleares atacados

Además de Bushehr, Israel y Estados Unidos atacaron instalaciones nucleares en el centro de Irán, sin causar muertos ni fugas de radiación. Entre ellas se encuentran el complejo de procesamiento de agua pesada en Jondab y la planta de producción de torta amarilla (concentrado de uranio) en Ardakan, provincia de Yazd.

La planta de Ardakan es clave en el proceso nuclear, ya que transforma el mineral de uranio en concentrado, un paso intermedio antes del enriquecimiento nuclear, lo que la convierte en un objetivo estratégico dentro del programa atómico iraní.

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